Experiencia de Marta en Chipre

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Fui de los primeros participantes en llegar. Cuando me instalé en el hotel apenas sabia nada de Chipre, era incapaz de entender las letras que componían los carteles de la calle, ni siquiera sabía posicionar en el mapa Kakopetria, el pequeño pueblo en el que estaba. Mis compañeras de habitación todavía eran dos camas vacías. Mi viaje todavía era una atractiva incógnita.

Decidí dar un paseo por el pueblo mientras esperaba que llegaran mis futuros compañeros de curso y con él empezaron las agradables sorpresas. Estrechas calles empedradas repletas de flores, un intenso olor a jazmín, el relajante sonido del río que atravesaba el pueblo. Ancianas que vendían manjares caseros a las puerta de sus casas, niños que corrían de un lado a otro. El sol se escondía tras las enormes montañas que rodeaban el pueblo. Entonces empecé a entenderlo todo. Si existía un lugar para impartir un curso sobre hábitos de vida saludables, desde luego era ese pequeño pueblo.

Esa noche empezaron las primeras actividades de presentación, y poco a poco empezábamos a tener pequeñas pinceladas los unos de los otros. Un italiano amante de la cocina, una portuguesa de sonrisa inmensa, un entrenador de rugby escocés apasionado de su trabajo, una profesora de baile griego ofreciéndose a enseñarnos las danzas de su país.

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Conforme iban pasando los días, y ayudados por las amenas actividades de educación no formal que nuestros trainers, Reno y Laska, habían preparado para nosotros, fuimos asimilando la información que se nos daba, intercambiando opiniones, aprendiendo los unos de los otros.

Nutrición, ejercicio, tipos de dietas, inclusión social a través del deporte, son temas que para algunos pueden parecer tediosos. Nada más lejos de la realidad. Aprendimos nutrición presentando ensaladas características de nuestros respectivos países de origen y probando la deliciosa comida chipriota. Experimentamos el bienestar y los intensos lazos que crea el deporte con divertidísimos partidos de futbol a los que de vez en cuando se unía algún niño del pueblo. Cada día alguien aportaba sus conocimientos y programaba una actividad: bailamos danza griega, aprendimos danza del vientre, incluso jugamos un par de partidos de rugby. Aprendimos riendo.

Al final de aquella semana de trabajos en grupo, debates sobre dietas, invención de nuevas ideas para promover el deporte, de aprender y convivir juntos, parecía que nos conociéramos desde hacia años, que Chipre fuera un destino habitual en nuestras vidas. Disfrutábamos intercambiando opiniones, comiendo, haciendo deporte juntos. Sin darnos cuenta, nos habíamos convertido en amantes y sobretodo promotores de la vida saludable. El training course, Lords of Health: Multipliers of Healthy Lifestyle había cumplido su objetivo.

Marta.

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