Servicio de Voluntariado Europeo. Experiencia de Sofi en Ghana

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Voluntariado europeo en Ghana

Compartiendo mi experiencia como voluntaria europea en Ghana.

Hace más de dos meses que llegué a Ghana para comenzar mi Servicio como Voluntaria Europea. Me siento muy afortunada por poder vivir una experiencia como ésta, que me permite conocer a fondo la cultura y las costumbres del pueblo ghanés, interactuando a diario con los habitantes de Klagon, localidad donde vivo y que está situada cerca de Acra, la capital del país.

El Servicio de Voluntariado Europeo o EVS (siglas en Inglés) ofrece a jóvenes interesados en contribuir al desarrollo de actividades y proyectos sociales, la oportunidad de vivir en otro país, aprender valores y costumbres de una nueva cultura y favorecer, mediante labores voluntarias; al bienestar de una determinada comunidad.

Aprovecha Europa es la organización responsable de mi envío (sending organization), dedicados a organizar proyectos sociales que impulsen el intercambio cultural y la movilidad entre jóvenes europeos. Por medio de ellos, pude contactar con Hope and Service to MankindFoundation, la organización que me acoge aquí en Ghana (host organization) y para la cual colaboro como voluntaria europea.

Voluntariado europeo. Sofi en Ghana

Mi servicio de voluntariado será por un año y consiste en contribuir al desarrollo de varios proyectos que lleva a cabo Hope and Service en distintas comunidades locales distribuídas a lo largo de cinco regiones de Ghana. Vivo en las instalaciones donde también se encuentra la oficina de la organización, desde la cual trabajamos programando actividades con voluntarios, tanto locales como internacionales.

Hope and Service acoge también a otra voluntaria del mismo programa EVS, que es de Alemania.

Nuestra labor principal desde que llegamos a Klagon, ha consistido en enseñar en escuelas locales. Trabajamos con alumnos en edades comprendidas entre los 3 y los 16 años, en dos escuelas: Liberty School , que se encuentra en Klagon, a tan sólo 15 minutos andando desde nuestra oficina; y Continental School, situada en el barrio de Ashaiman, uno de los más pobres de la zona.

Para llegar a Continental School, es necesario tomar Tro Tros, el transporte público más barato que circula a lo largo de todo el país. Son furgonetas adaptadas para que viajen en ellas entre 15 y 25 personas, dependiendo del tamaño. Los tro tros conectan todas las comunidades entre sí. En general el estado de las carreteras de Ghana es muy malo, exceptuando las que se han construido recientemente, ya que están asfaltadas y conectan Acra con las distintas regiones.

En mi caso, la mayoría de las calles por las que me desplazo a diario son de polvo y están llenas de baches y desniveles, por lo que viajar por ellas tomando el tro tro se convierte en toda una aventura.

Tras una primera semana de adaptación, en la que fui conociendo a los vecinos, a los voluntarios implicados en los proyectos y a los alumnos de las escuelas locales, comenzamos a trabajar como profesoras, haciendo turnos intensivos desde las 8:30 de la mañana hasta las 4 de la tarde.

Junto con la otra voluntaria de Alemania nos repartimos las clases, según las necesidades que tienen los alumnos de cada escuela y también en función de nuestro nivel de Inglés para enseñar las distintas asignaturas. Cada una de nosotras, enseña en una escuela durante dos semanas y luego rotamos.

La relación e interacción con los alumnos de las escuelas, es para mí lo mejor del proyecto. Darles clases y pasar cada día tantas horas con ellos, es una experiencia totalmente enriquecedora que me permite llegar hasta el fondo de su cultura local, y comprender mejor la realidad social que se vive en Ghana. Disfruto escuchando lo que me cuentan sobre sus familias, sobre sus tradiciones y sus creencias. A través de los testimonios que los alumnos comparten conmigo, puedo entender mejor la perspectiva con la desde aquí, se ve el resto del mundo. Es difícil describir las emociones que experimento cada día al entrar en las aulas y ver la ilusión con la que los alumnos desean aprender. Estoy convencida de que yo aprendo muchísimo más de ellos, que ellos de mí.

En general son muy curiosos y me bombardean con preguntas sobre cómo vive la gente fuera de Ghana, cómo funcionan nuestros sistemas de educación y qué costumbres tiene nuestra sociedad.

Son ruidosos en clase, ansiosos y les gusta hablar todos a la vez. Siempre están de buen humor, y son muy serviciales. A las profesoras nos llaman Madame y a los profesores Sir.

Cada mañana, cuando me ven llegar a la entrada de la escuela salen a recibirme preguntándome cómo estoy y si pueden llevar mi mochila hasta el aula para que no me canse. Sí, Sí, siempre están pendientes de cualquier cosa que pueda necesitar, se preocupan por si me faltan tizas, todos se ofrecen voluntarios para borrar la pizarra o buscar agua para refrescarme después de dar clases.

Las instalaciones son muy pobres. No tenemos a penas materiales escolares. Los alumnos tienen que comprar sus cuadernos y lápices, pero algunos no pueden ni siquiera permitirse comprar hojas de papel sueltas. Así que es normal, tener a varios en clase que se limitan a escuchar pero no escriben nada. Los voluntarios compramos materiales para ellos y como hemos visto que se trata de un problema económico bastante grave, estamos pensando en crear algún tipo de proyecto que nos permita conseguir fondos para abastecer las aulas con el material escolar básico: cuadernos, lápices y libros.

En cuanto a los libros, muy pocos alumnos pueden comprarlos, ya que el precio es caro, por lo que los profesores copiamos en la pizarra los ejercicios, las definiciones y los conceptos más importantes del temario, dejando tiempo suficiente para que todos puedan copiar en sus cuadernos.

El hecho de que los alumnos no tengan libros propios, dificulta mucho la dinámica de clase; porque se invierte bastante tiempo en la explicación. En la mayoría de las escuelas europeas, los alumnos pueden consultar sus libros de manera individual, al mismo tiempo que el profesor va explicando. Esto refuerza el método de aprendizaje de manera más rápida y eficaz. Incluso contamos con materiales didácticos que ayudan a amenizar las clases: proyectores, diapositivas, afiches, ordenadores, presentaciones hechas en power point, equipo de música e incluso televisor donde podemos ver películas en clase, relacionadas con el temario que estamos aprendiendo.

Pero aquí, en estas escuelas no hay ni electricidad. Tampoco tenemos cuartos de baño ni siquiera un sistema de agua corriente. Cada mañana mis alumnas mayores son las encargadas de ir a buscar el agua hasta un tanque situado en la entrada de las instalaciones.

-‘Madame Sofi, we are going to fetch water’, me dicen antes de salir del aula.

Es agua potable pero que no ha sido tratada mediante ningún proceso de depuración. Lo que hacen, es llenar unas canastas de plástico hasta el tope, las cargan sobres sus cabezas, y así caminan cruzando el patio, de una forma tan elegante y sin esfuerzo alguno; que parece que no llevaran nada encima, como si flotaran sobre el suelo. Me sorprende la fuerza que tienen, siendo tan pequeñas. A veces también yo cargo el agua en esas canastas y la verdad es que es muy muy pesado.

Tras pasar casi todo el día en las escuelas, regreso a la oficina sobre las 4:30 o 5:30 de la tarde, dependiendo de, si doy clases en Liberty School ( Klagon) o en Contienental School, (Ashaiman).

A esa hora almorzamos, aunque en realidad sería más bien un almuerzo/ cena. Las comidas típicas que se han convertido en parte de nuestra dieta diaria son el banku, fufu, jollof rice y telapia, que es un pescado muy común aquí en la zona.

Tras almorzar, no nos queda mucho tiempo, ya que tenemos que preparar las clases para el día siguiente, trabajar en la oficina en la página Web que tiene Hope and Service, o bien lavar nuestra ropa a mano. Quizás les cueste creerlo, pero esta tarea lleva sus buenas horas. Aquí anochece bastante temprano, sobre las 7 de la tarde ya oscurece de golpe y si encima se corta la luz en nuestro barrio, no es posible salir a hacer ningún tipo de recado. Los cortes de luz y agua son frecuentes. Ya casi hemos descubierto el horario en el que suelen cortarnos estos suministros: al menos dos días a la semana semana (los martes nunca fallan? entre 3 y 6 horas. Así que tenemos siempre unas canastas grandes llenas de agua y también velas para alumbrar la oficina y poder seguir trabajando a pesar de estar a oscuras.

Disfruto mucho conversando y saludando a los vecinos que viven aquí. Los que no me conocen o no saben mi nombre, me saludan diciendo ‘ Hello Obruni’

Obruni es la palabra que en twi, su lengua local, significa hombre o mujer blanca. Así es como cada día, mientras me dirijo a las escuelas, todo el barrio me desea que tenga un buen día y que vuelva pronto; Have a good day Obruni !! . Los ghaneses son muy amables y sonrientes. Les gusta bromear, bailar y que les diga de qué equipo de fútbol soy. Cuando digo que soy del Barça, siempre preguntan si conozco a Messi y la mayoría se decepciona cuando digo que no lo he visto más que en la tele.

Me gusta ir a los puestos a comprar fruta, o el pescado. Me cuesta un poco conseguir que me hagan un buen precio, porque al ser de fuera siempre intentan cobrarme más, pero poco a poco voy aprendiendo y también ellos se dan cuenta de que vivo en este barrio y no soy turista. En realidad la otra voluntaria de Alemania y yo, somos las únicas Obrunis de la zona y por este motivo todos se preocupan y están pendientes de que estemos siempre bien.

Por supuesto que hay muchos Obrunis viviendo y trabajando en otras zonas, especialmente en el centro de Acra, donde se encuentran las grandes empresas, las instituciones gubernamentales y las embajadas. Pero en Klagon, somos las únicas.

Tengo los fines de semana libres, aunque siempre hacemos alguna actividad con los alumnos o con los profesores de las escuelas. Los días pasan rápidamente y estoy muy contenta. Cada vez aprendo más de esta experiencia tan hermosa que supone para mí, el poder vivir en Ghana, participando en este programa de voluntariado europeo EVS.

Me siento muy agradecida por tener la oportunidad de conocer la realidad que se vive en esta parte de África: verla con mis propios ojos y sentirla a través de las emociones que la gente de mi entorno, comparte cada día conmigo.

¡Saludos desde Klagon, Greater Acra, Ghana!