Experiencia de Carlos en Ramnicu Sarat, Rumanía

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Me llamo Carlos y soy estudiante y como mucha gente que se dedica sólo a los estudios no me puedo permitir largos viajes a lugares lejanos, por eso cuando me enteré de los intercambios juveniles que promueve Aprovecha Europa lo vi como una gran oportunidad de hacer un buen viaje, desconectar un poco y practicar inglés.

Sobretodo el tema del idioma es lo que más me interesaba puesto que desde que terminé bachiller no he vuelto a estudiar inglés y no se puede decir que lo haya practicado, un intercambio me permitiría practicar y sobretodo recordar lo que tenemos en el fondo de la memoria, que si no practicas no sale a flote.

Por eso cuando me ofrecieron participar en este intercambio acepté sin pensar, era un intercambio realmente largo, 12 días, en un país no muy turístico como es Rumanía y a mis compañeros de viaje, aunque casi todos hacemos vida en la misma ciudad, los conocía muy poco o nada; pero aún así me lancé a la aventura. Otro de los motivos fue que el vuelo a Bucarest fue realmente barato.

Así que una típica noche de verano salimos desde el aeropuerto de Valencia en vuelo directo a Bucarest para pasar allí el día y visitar la ciudad y a la noche salir en autobús hacia donde se celebraba el intercambio.

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El intercambio, llamado Latinity in Europe, trataba sobre los orígenes latinos de los pueblos de la actual Europa y se desarrollaba en plena Transilvania, las frondosas montañas del centro de Rumanía, morada de los más famosos mitos sobre bestias salvajes de toda Europa.

Allí nos juntamos todos los participantes de los diferentes países invitados, Portugal, Italia, Serbia, Macedonia, Moldavia, la anfitriona Rumanía y por supuesto España, nosotros. Realizamos durante esos días seminarios y actividades en grupo relacionadas con la Antigua Roma, desde explicar la historia de la Hispania romana al resto, hasta crear un videoclip.

Pero por supuesto lo que todos estábamos esperando eran las salidas a visitar el país, realmente fue lo que más me gustó del viaje: visitar los castillos medievales, tan distintos de los de mi tierra; las ruinas de la antigua capital romana y empaparme de la cultura de aquel país.

Pero todo se termina en algún momento y llegó el día de la despedida, después de tantos días ya eramos como una gran familia, la jornada de vuelta estuvo marcada por la melancolía, el cansancio y la sensación de volver al mundo real, de salir de aquellas tierras de leyenda.