Experiencia de Jose Luís en Mostar, Bosnia y Hercegovina

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Después de más de 20 horas de viaje, llegamos a Mostar en autobús, el frío y nocturno paisaje invernal no hacía justicia a la belleza de los Balcanes, y más si hablamos de Bosnia, no era la primera vez que visitaba Mostar, pero a 30 grados al sol del verano, créanme, todo es más bonito y agradable para una pareja de valencianos, que no conocen el frío ni la noche sin contaminación lumínica.

Al llegar al Hotel a escasos metros del famoso puente viejo, descargamos maletas y utilizando mi rudimentario serbocroata, me pedí una cerveza, personalmente me  la merecía, lástima que solo tuvieran cerveza croata o hercegovina… aunque sus vinos son de lo mejorcito que puedas probar. Mirando las mesas del restaurante del Hotel (que después sabría que también era nuestra sala de trabajo) vi a un pequeño grupo de gente hablando en inglés, me senté descaradamente y ahí puedo decir que comenzó el Training Course.

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Turcos, macedonios, después un serbokosovar, hablando de la política educativa de sus respectivos países, ni libros, ni artículos, aprendiendo directamente de los protagonistas. Los diferentes discursos nacionalistas se entremezclaban entre desconocidos, por suerte puedo decir que conforme pasaban los días, ese espíritu nacional se diluyó para crear un ambiente multicultural, cada vez más coordinado a la hora de realizar las actividades programadas.

En un principio trataron de impulsar las aptitudes de la educación no formal, véase la adaptación al medio, diferentes conductas para aprender, enseñar o directamente a aprender a aprender. Obviamente tuvieron que instruirnos para diferenciar los tipos de educación a los que se enfrentan los seres humanos y trabajamos para valorarlos.

Otro aspecto importante fue el del asociacionismo, los derechos a asociación, reunión y manifestación que tan normales nos parecen a nosotros, realmente en las sociedades democráticas representadas están infrautilizados y la gente en la práctica desconoce las posibilidades de dichas personas jurídicas. Hablar de convivencia democrática en España puede parecer algo normal, pero en Kosovo, Turquía, Albania o Macedonia los retos a los que se enfrentan son épicos.

Conforme se presentaban las diferentes ONGs de los participantes, pude percibir que los problemas que nos parecen lejanos, extraños y tercermundistas, en nuestro país son en algunos casos más graves y evidentes que por ejemplo en Bosnia-Hercegovina, dándome la sensación de que mientras en el Este, la sociedad se organiza utilizando todos los medios que sus Estados de derecho ponen a disposición de los ciudadanos y son los propios ciudadanos activos y asociados quienes hacen bandera en el extranjero de sus problemas, en España esa labor parece realizarla únicamente la prensa, siendo la imagen de nuestro país muy sesgada y mediante un extraño sincretismo cultural, adaptada a las problemáticas propias de los diferentes países.

No niego la labor de las instituciones y ONGs españolas en España y en el mundo, pero admitamos que nuestra sociedad dista mucho de ser una sociedad activa y realmente consciente de lo que implica vivir en democracia.

Ahora admiro mucho más la labor de los diferentes Consejos de Juventud en Europa y todavía más, al conocer el de Mostar, que está trabajando desde su fundación por crear una ciudadanía local, dónde una invisible fuerza derivada de la herencia del odio y la guerra no lo pone fácil, pero por lo que he podido observar, lo han conseguido. Enhorabuena jóvenes de Mostar y especialmente a Darija, gracias por vuestro ejemplo.

El mejor momento para mí, fue cuando las catorce nacionalidades hicimos balance de la situación económica, política y social de nuestros respectivos países, mostrando y cotejando datos y experiencias, haciendo principal hincapié en la situación de la juventud y el desempleo juvenil, en eso también España está en la Champions.

Problemas como el nepotismo, el clientelismo, la corrupción, el trabajo negro o una sociedad pasiva crearon una complicidad que nos hermanaba pese a la distancia que nos separaba, pero la esperanza y el hecho de no estar solos, la posibilidad de proyectos comunes y la amistad  nos ha brindado nuevos horizontes.

No todo era trabajo, durante tres noches organizamos fiestas culturales, nosotros fuimos prácticamente los únicos que no llevamos bandera, pero la horchata, els fartons, los chorizos, la sobrasada ibérica, nuestros vinos, la mistela, los turrones y el chocolate ya hicieron patria por si mismos. Entre danzas balcánicas y mucha rakia surgió algo mucho más fuerte que la simple convivencia.

También hicimos un recorrido por diferentes zonas emblemáticas de la Hercegovina bosnio-croata, una breve y entretenida ruptura de la rutina, pero lo mejor de Bosnia son y serán siempre los propios bosnios.

Ahora, una vez ya en España, tras otras tantas horas de viaje y tras compadecer a los pobres seres humanos que tienen que convivir con una de las peores lacras que sufre Europa, la nieve invernal. Doy gracias tras abandonar Zagreb con los zapatos bien empapados, de vivir cerquita de África.

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